La comunicación en la pareja no debería representar un problema, como muchos lo sienten, sino debería fluir como algo natural entre dos personas que se quieren y han decidido estar juntas por motu proprio. Pero muchas veces desaparece, nos atormenta, o simplemente nos olvidamos de ella. No te preocupes, somos humanos, y he aquí una reflexión para ayudarte a mantener ese barco siempre a flote.

El comienzo de la relación…

No importa si le encontraste -o te encontró- en Tinder, en la barra del bar, comprando el pan (integral, por cierto) o es el hermano ¡menor! de tu mejor amiga -no te preocupes, ella te lo perdonará algún día. La cuestión es que ya tienes pareja, ¡por fin! según tu madre y estás enamoradísima aunque lleves solo un par de semanas, o la relación se ha alargado meses y tú no te has dado cuenta cómo ha pasado el tiempo, porque todo ha sido miel sobre hojuelas… ¿o no?

Tener pareja es un estado que nos lleva a la felicidad, que nos transforma en una máquina propulsora de oxitocina cada vez que él o ella nos mira. Según muchas mujeres y hombres, el ser humano está hecho para compartir su vida y no la concibe estando solitario. Es más, estar en pareja es un parámetro de éxito o fracaso, y se ha convertido en una de las preguntas más frecuentes a la hora de evaluar qué tal bien le ha ido al otro durante todo este tiempo.

Comunicación de Pareja

Sea cual sea la razón, nosotros estamos disfrutando de nuestro bombón al lado y queremos que esto dure por los siglos de los siglos. Pero es inevitable que surjan algunos problemas que a veces nos cuesta percibir, sobre todo en la comunicación cotidiana y que, por supuesto, tienen solución, solo tenemos que aprender a identificarlos y tener la voluntad de solucionarlos.

Parece que la cosa va mal…

Hace algunos años, leí un libro que se llamaba “Amor del Bueno”, de la sicóloga Mila Cahue, y que hasta el día de hoy está vigente, porque los problemas de comunicación suelen ser los mismos –aunque ahora podríamos agregar el estar constantemente conectados al celular, lo que a veces se convierte en una desagradable relación de a tres- pero básicamente, lo que hace que la pareja no pueda fluir, pasa porque, según Cahue, las mujeres suelen tener un estilo de comunicación similar a “pensar en alto”, y por eso pasan de una idea a otra, lo que se puede ‘malinterpretar’ por los hombres como que ellas no saben lo que realmente quieren. Los hombres, en tanto, suelen ser más concretos y concisos. Cuando dicen algo, es porque ya está pensado, pero en silencio y dan su opinión como única y exclusiva solución.

Ante esto, la sicóloga advierte que a las mujeres les vendría bien aprender a concretar más y a ellos, generar más alternativas. Igualmente, las dos formas de comunicación son extraordinarias si llegan a conjugarse bien –por eso nos sentimos tan atraídos, siendo unos de Marte y otras de Venus, otro libro que marcó mi juventud-, pero no siempre se logra esa conexión y es allí donde surgen los problemas.

Muchas de las conductas que adoptamos frente a nuestras parejas son ‘copiadas’ de ejemplos cercanos como padres o parejas precedentes por tanto, si tenemos la capacidad de darnos cuenta de los errores que cometieron nuestros progenitores o nosotros mismos con nuestro ex, ya es una gran avance en temas de comunicación.

Vamos a por ello

Sabemos que en los momentos problemáticos de la pareja es la emoción la que prepondera ante la razón pero, si queremos llevar nuestra relación ante buen puerto y el barco no quede encallado en medio de la travesía, debemos tener las dos manos bien puestas en el timón.

Puede que existan muchas rutas para arribar a un entendimiento, pero estas son las problemáticas más comunes y algunas respuestas a la comunicación de pareja en las que muchos sicólogos concuerdan.

¿Hablemos?

Hablar no es exactamente lo mismo que comunicarse. Comunicar bien quiere decir saber plantear lo que uno quiere o necesita, pero también significa saber escuchar lo que quiere o necesita el otro. Esto se traduce en saber exponer qué ocurre y qué se quiere, lejos de insultar o reprochar a la otra persona.

¡No me grites!

Si chillas ya conviertes la conversación en algo desnivelado, mientras más gritas, más grande es el hielo que se formará entre los dos llegando a convertirse en el iceberg más gigante, capaz de destruir una relación tan fuerte y poderosa como el Titanic. Intenta morderte la lengua e incluso empatizar con la otra persona y preguntar ¿para qué queremos hablar?

¿Aquí? ¿En el ascensor?

Si todavía no ha llegado el momento de hablar también hay que determinar cuándo hacerlo. Es mejor esperar a que baje el momento de ‘calentón’ para poder argumentar, hablar y escuchar. Es mejor no hacerlo por la noche cuando se está cansado, o en el coche, donde faltan todos los elementos de la comunicación no verbal. Seguro que cualquier tema de pareja se merece al menos un rato de un café, de desayuno en el fin de semana, o de paseo, cuando la pareja esté a solas y tranquila.

¿Cuánto decir?

Es mejor no empezar a sacar temas de la prehistoria de la relación. Hay que ceñirse a un tema en concreto -‘no pasamos tiempo juntos’, por ejemplo- y encontrar una solución. Perdernos en otros problemas, lejos de resolver lo que está ocurriendo ahora, provoca un mayor dolor y distanciamiento en la pareja.

Hablar siempre desde el ‘yo’

Lo que a ‘mi’ me parece, lo que ‘yo’ creo, lo que ‘yo’ quiero. Evitar hablar desde el ‘tú’, que suele provocar que la otra persona se ponga a la defensiva -‘tienes que pasar más tiempo conmigo’-; controlar los pensamientos irracionales tipo ‘las parejas que se quieren no se enfadan’ o ‘ya no me quiere porque me ha dicho…’. Las parejas que se quieren bien saben expresar lo que les molesta, lo hacen con respeto y cariño, saben proponer soluciones, y ceden ante las que pueden resultar igualmente satisfactorias para ambos.

Ratos de intimidad

¿Recuerdas que cuando comenzaron la relación lo único que querías era estar a solas? Sabemos que los hijos juegan un papel importante en esta falta de tiempo pero, intenta luchar para mantener verdaderos ratos de intimidad donde puedan hablar sin ser interrumpidos por nada ni por nadie.

No pienses que el otro conoce nuestros sentimientos y estado de ánimo

No esperes que tu pareja adivine lo que piensas, sientes o te sucede, dile lo que esperas o deseas y no le juzgues o critiques si no es capaz de adivinarlo. Piensa que no lo hace adrede, tan sólo que no tiene capacidad de observación o sensibilidad para captar los pequeños detalles que hablan por sí solos. No culpes a tu pareja.

Por una mirada… Un mundo. Por una sonrisa… un beso. La magia del lenguaje corporal.

Mantener los brazos cruzados cuando queremos conversar con nuestra pareja significa mantener una posición defensiva o no mirar a los ojos, significa que queremos evadir algo. Seamos claros y sinceros tanto con nuestras palabras como con nuestro cuerpo. Relajémonos, no tengamos miedo, porque ¡estamos hablando con quien amamos!

El lenguaje no verbal es a veces la respuesta que estamos esperando. Una sonrisa, un silencio oportuno o una caricia desvelan el grado de complicidad con nuestra pareja. Y eso no tiene precio. Para todo lo demás… Mastercard.
Para aquellos que tienen una relación sentimental desde hace años puede resultar positivo utilizar todos los sentidos a la hora de contarle algo a su pareja. Si le vas a describir una situación, por ejemplo un lugar nuevo donde has ido darte un masaje o un nuevo restaurante, cuéntale no solo lo que viste, sino lo que oíste, lo que sentiste al tacto, lo que oliste o incluso lo que degustaste. Eso os ayudará a estar más conectados como pareja y, además, puede resultar muy sexy.

Y sobre todo, no te preocupes porque todos y cada uno cometemos errores y muchas veces las emociones nos superan. Pero sí ¡ocúpate! porque si callamos o nos enfadamos, estamos dejando el barco de nuestra relación, se vaya a la deriva.