Hace mucho tiempo, el ir con el vestido de novia en la cartera era una condición sine qua non para toda jovencita que quería alcanzar el éxito en la vida. Ahora es el Smartphone en el bolso y las cientos de APP de citas las que te puede llevar al éxito –de una noche- o de encontrar el tan ansiado amor eterno.

Acabo de cortar el teléfono (Whatsapp más bien) con un amigo y me dijo una frase que me quedó dando vueltas: “yo no creo que las personas importantes en nuestras vidas las vayamos a encontrar en las redes sociales. Las almas de cada uno (un poco esotérico mi compadre) están por algo en esta tierra y están predestinadas a encontrarse en un momento preciso…”.

La conversación era sobre por qué y cómo yo usaba Tinder (demás está decir que es una de las APP de citas junto con Badoo más descargadas en el mundo). Entonces mi respuesta fue: “mientras esa alma gemela que está vagabundeando por allí no encuentre el espacio-tiempo adecuado para dar con la mía, yo me echo unas canitas al aire en Tinder, ¿no? –terminando con un: ¿y qué tiene de malo?”

De malo nada, ¡nada! El uso que le demos a las APP es también parte de nuestro sentido común y lo responsables que seamos con nosotros mismos y con nuestro entorno. Que yo sepa aún no han atropellado a nadie por ir mirando Badoo por la calle. Por ir cazando Pokémons sí ¡upsss!

O si en una de esas canitas al aire, resulta que aparecen las maripositas en el estómago y el susodicho en cuestión era aquella alma gemela que andaba divagando por allí. Es que hemos dado en el clavo.

 

Hola mamá, te presento a mi novio…

Llega el momento (temido) en el que todo el mundo empieza a cuestionarte ¿y dónde se conocieron? Y cuando esa pregunta te la hace tu MADRE, tienes que tener un buen par de ovarios para decirle “por internet” – porque si le dices Tinder o Badoo te dirá ¿y eso qué es, mijita?, ¿en Kinder? ¡Sorpresa!.

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En un primer término ella, evidentemente, no lo entenderá. En un segundo y en un tercero, tampoco. Entonces vienen las advertencias: que si son solo desconocidos, que si hay tanta gente mala en el mundo, que te van a pegar una enfermedad, que si te pueden echar algo malo en la copa, que qué va a decir fulanita y menganita si te ven allí, que las niñas serias no hacen eso… (y es que ya no soy niña y tampoco seria, vamos, qué aburrido).

Estamos en un escaparate, claro que sí, ¡pero siempre lo hemos estado! Los recordados “malones” de los años ‘60, los festivales hippies de los ’70, el baile de fin de curso, la kermesse del colegio, el pub de moda, la discoteca cada fin de semana, han sido vitrinas de cientos de generaciones que han acudido allí con la intención de ver y ser vistos.

La tecnología solo ha cambiado el modelo, la forma y, cómo no, las técnicas de flirteo. Muchos dirán que nos falta el contacto visual, el lenguaje corporal, el escuchar la voz, el sentir el perfume del otro. Es cierto. Pero no tiene nada de malo ir descubriendo aquello poco a poco, e incluso creando expectativas –que muchas veces pueden volverse en nuestra contra- pero que hacen entretenida nuestra aventura.

 

Háblale de estadísticas

Si la “vieja” –cariñosamente hablando- es dura de roer porque tiene un postgrado en Harvard, convéncele con números.

  • Tinder se ha transformado en una de las APP más populares del último tiempo, y como no, todos queremos estar a la moda, la probamos. Ha alcanzado más de 100 millones de descargas desde el año 2012.
  • El 45% de los usuarios son mujeres. O sea, tú no eres la única que está allí. La hija de la vecina también.
  • Varios estudios sociológicos demuestran que cada vez más aceptamos como normal comenzar una relación en la virtualidad. La Universidad de Standford determinó en el 2011 que de 926 parejas, las que se conocieron on line, eran dos veces más dadas al matrimonio (en el fondo lo que tu madre busca es casarte, ¿ no?)
  • Los norteamericanos llevan bastante la batuta en esto. Cada día se casan 542 parejas de la tierra de Elvis entonando “Love me tender”, gracias a la conocida web eHarmony.

 

El amor también ha evolucionado

Si las formas de relacionarse socialmente dependen de un click y aquella amiga es catalogada como “amigui” por cuántos like ha dado a nuestras fotos en Facebook, es evidente que una de las más importantes emociones humanas, el amor, también dependa de un me gusta, que en términos Tinderianos se resuelve en Matches.

Mientras tu madre te cuenta la historia de cómo conoció a tu padre en un bar, en el barrio o en el trabajo, tú que eres muy evolucionada y estás siempre IN, puedes decirles abiertamente que tu actual novio (no el de la semana pasada, sino de esta), fue un “like a primera vista”.

“Cada vez son más los interesados en buscar relaciones on line en lugar de cara a cara, pues encajan más con su estilo de vida actual” dice Larry Roser, profesor de la California State University y autor del libro iDisorder.

 

Socializar – Tinder Social

Si bien el leit motif de estas APP es ayudar a encontrar el tan ansiado estado de “compromiso”, muchas de ellas pueden ayudarte a encontrar también amigos y compañeros de juerga. Hace poco Tinder lanzó la modalidad de Tinder Social en el que tú y tres amigas más pueden hacer Match para irte de cervezas, de rumba, al parque o al cine con otro grupo de amigos. Si lo piensas, es lo mismo que cuando el grupito de machos se te acercaba a tu mamá y a sus colegas en aquel malón invitándolas a bailar, al más puro estilo “Grease”. Pero eran otros tiempos, dirá tu madre…

 

I’ll be loving you forever…

La idea de tener perfiles en las redes sociales y en este caso, en unos app de citas como Tinder o Badoo, es excelente si le sacamos provecho con responsabilidad. Nada es totalmente malo o totalmente bueno. Todo depende del punto de vista que se le mire. Es normal que nuestras madres y algunas amigas no entiendan cómo puede surgir el amor (o lo que sea) a través de un click y que este amor sea aquella alma que vagabundeaba en búsqueda de la tuya.  Pero yo me pregunto, ¿es garantía de amor verdadero y eterno el que encuentras en la calle, en la barra de un bar o en la oficina?… Sepa Moya.